Es posible aprender a hacer las paces con tu ansiedad
Cuando aparece la ansiedad, nuestro primer impulso suele ser hacer algo para que desaparezca: distraernos, evitar aquello que nos preocupa, buscar constantemente tranquilidad o necesitar que alguien nos asegure que todo estará bien.
Y aunque estas estrategias pueden aliviar momentáneamente el malestar, aprender a manejar la ansiedad implica algo más profundo: desarrollar recursos emocionales propios para poder atravesarla sin sentir que estamos a merced de ella.
Regular la ansiedad no significa aprender a no sentirla. La ansiedad es una respuesta humana que, en determinadas circunstancias, cumple una función. El problema aparece cuando comienza a ocupar demasiado espacio en nuestra vida o cuando los intentos por controlarla terminan limitándonos.
Construir recursos propios comienza por aprender a reconocer lo que ocurre en nuestro cuerpo y darle un espacio a la experiencia, en lugar de luchar inmediatamente contra ella. Algo tan a la mano como detenernos y llevar conscientemente la atención a la respiración, alargando suavemente la exhalación, puede ayudar a disminuir la activación. También puede ser útil anclarnos al presente, observando lo que vemos, escuchamos o sentimos físicamente, para recordarle a nuestro sistema que estamos aquí y ahora.
Estos recursos se construyen con práctica y cuando la ansiedad se vuelve persistente, intensa o comienza a limitar nuestra vida, el acompañamiento terapéutico puede ayudarnos a comprenderla y desarrollar herramientas adaptadas a nuestra experiencia.
La meta no es conseguir que nunca volvamos a sentir ansiedad.
Es aprender que, cuando aparezca, contamos con recursos para atravesarla.